Mi cuerpo me mostraba mi inseguridad y yo no lo sabía

Rolando de 56 años estando en terapia de la nada me dijo: “Me he dado cuenta que casi siempre estoy con las manos agarradas, de hecho he observado fotos y siempre las tengo agarradas, querrá decir algo?” Le contesté que no lo sabía pero lo podíamos averiguar, fue así que empezamos a ponerle atención a su cuerpo y a lo que éste nos quería decir.

Al poner sus manos juntas y agarradas Rolando sentía una sensación de protección y seguridad, se sentía completo y sentía que protegía su cuerpo desde el cuello hasta debajo de la cadera sin dejar espacio a que pasara nada. Cuando le pedí que soltara sus manos y las pusiera a un lado y sintiera su cuerpo me comentó que sentía una gran inseguridad, al preguntarle si esta sensación le traía algún recuerdo Rolando comenzó a llorar, le vinieron dos recuerdos de cuando tenía alrededor de 10 años en donde primero un vecino y un tiempo después un tío al cual quería mucho trataron de tocarlo de manera inadecuada. Afortunadamente siendo un niño de carácter tuvo la fuerza para ponerles un alto, con sus manos agarradas y moviéndolas de arriba hacia abajo los alejó, pero su cuerpo guardó la inseguridad y el miedo que le dieron aquellos momentos por mas de 40 años. Por medio de la tristeza, melancolía y enojo que comenzó a sentir mientras me comentaba los incidentes, su cuerpo comenzó a relajarse hasta que todos esos sentimientos se liberaron pudiendo accesar paz y tranquilidad mientras sentía su cuerpo con las manos separadas.

Nuestro cuerpo es un medio invaluable para llegar a nuestro inconciente y liberar heridas del pasado. Cada emoción, síntoma de enfermedad o sensación que sintamos en el cuerpo es una llave para liberar cosas que cargamos desde chicos que de no hacerlo nos traen dolor y a veces consecuencias como lo son ataques de pánico, depresión o baja auto estima.

Nuestra cultura pone gran atención en la mente y en la razón tendiendo a olvidarse del cuerpo, mandando el mensaje que es mejor no sentir emociones negativas escondiéndolas o reprimiéndolas y encontrando así éstas su guarida en el cuerpo.

Recordemos que el cuerpo es nuestro aliado, se quiere comunicar con nosotros, no solo para liberar heridas profundas, pero también como vehiculo de intuición y como fuente de gran sabiduría. Es una herramienta a nuestra disposición que debemos dejar de ignorar. Escuchemos a nuestro cuerpo y comuniquémonos con él.

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