La depresión, una oportunidad de cambio

La depresión se puede presentar cuando una persona esta pasando momentos difíciles como son cualquier tipo de pérdidas (ser querido, hogar, trabajo, etc), cambios en la forma de vida no esperados o deseados y hasta a veces cuando éstos han sido deseados pero el resultado no es el esperado, cuando se tiene baja autoestima o cuando se vive en soledad sin un sistema de apoyo en quien confiar. También se puede padecer de depresión si se vive una vida que no es la que se quiere vivir, como es estar en un trabajo que no nos gusta, en una relación en la que no se quiere estar, en un ambiente donde es difícil expresar quien se es pero sin embargo por la presión social, el miedo, las ideas de lo que se cree debe ser, la persona no se anima a dar el paso, a cambiar, a externar su verdadera personalidad y al no hacerlo, al reprimirla, también se están reprimiendo energía de vida y sentimientos de felicidad.

A veces la depresión viene mucho después del evento que la causó como le sucedió a Matilde, que a la muerte de su esposo cubrió su dolor trabajando día y noche así no tenía tiempo de sentir o de pensar. Lo que no sabía Matilde es que la tristeza no se va si no la dejamos salir y al pasar los años cuando decidió darse un descanso la depresión se presentó y hasta que no decidió buscar ayuda se dio cuenta que necesitaba llorar la pena que le causó la muerte de su esposo y las lagrimas guardadas por tantos años al fin fluyeron.

La tristeza como la depresión son emociones normales en el ser humano y tienen una función, como lo dicen Nesse y Williams en su libro, es un momento para hacer un alto en la vida. Al no tener energía, al no querer salir de casa, al parar por un momento la vida tan rápida que llevábamos tenemos la oportunidad de replantearnos nuestro camino, de decidir a donde queremos ir y de pensar en quien realmente somos.

Ramón vivía una vida que no le gustaba, no expresaba sus deseos, hacía lo que su padre le decía, estudió una carrera que no quería, todo para complacer, hasta que la depresión llegó y con ayuda profesional pudo darse cuenta que la depresión le estaba diciendo que tenía que ser él, que tenía que vivir su vida y buscar su camino.

Desgraciadamente en nuestra cultura no permitimos sentir la tristeza, esta el arreglo fácil de la pastillita, el antidepresivo, que en lugar de ayudar esconde nuestros sentimientos, nuestros deseos y nuestra oportunidad de cambio. Con ésto no quiero decir que nunca se debe de usar el antidepresivo pero si que son contados los casos en los que se necesita.

Aprovechemos las oportunidades que nos ofrece la vida, a veces lo que nos parece malo es una bendición disfrazada. Paremos, recapacitemos y sigamos nuestro verdadero camino.

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