Consecuencias de la sexualidad disfrazada en el hogar

Salomón es un hombre de 45 años que llegó a terapia con problemas de autoestima y con una gran culpa de haber abusado sexualmente a su hermana cuando él era un adolescente. Se sentía sucio y sin entender que pasó esa noche que sintió el impulso de abusar de ella.

Reina de 35 años llegó a terapia con problemas de autoestima y sintiéndose incómoda con su sexualidad y su cuerpo además de cargar una sensación de suciedad. Se sentía perturbada siendo el centro de atención en cualquier lugar queriendo desaparecer.

Tanto Salomón como Reina vivieron en hogares donde sus madres fueron abusadas sexualmente de niñas. Aunque ellas concientemente nunca pensaron en abusar de sus hijos sexualmente, lo hicieron de una forma disfrazada hasta para ellas mismas. No concientes de las consecuencias del abuso que sufrieron en su infancia y no relacionándolo con la forma de interactuar que tenían con sus hijos, los afectaron como nunca hubieran querido hacerlo.

Las madres de los dos sentían que eran abiertas en cuanto a la sexualidad en sus casas, se paseaban desnudas dentro de la casa, se sentaban con las piernas abiertas enseñando sus partes privadas, les tocaban partes intimas a sus hijos pero en forma de broma o de cariño, en el caso de Reina, cuando el abuelo llegaba a su casa le daba nalgadas a la mama de una forma sensual haciendo sentir a Reina bastante incómoda. Cuando les decían a sus madres que no les gustaba esa forma de ser tocados ellas contestaban que lo hacían de cariño y realmente así lo creían estas dos mujeres. Ellas nunca trabajaron el abuso que vivieron en la infancia por lo que no sabían que sus caricias eran inadecuadas.

Reina tenía conflictos al tratar de mostrarle cariño a sus hijas porque no quería que ellas sintieran lo que ella sintió en su infancia, a veces privándolas de una abrazo o un beso maternal.

Las historias de Reina y Salomón nos muestran la confusión que sintieron en sus vidas en cuanto a la relación con sus madres así como el efecto que tiene el abuso sexual en la vida de una persona y de las generaciones que le siguen.

Es imperativo que la gente que ha sufrido cualquier tipo de abuso, ya sea sexual, emocional o físico busque ayuda profesional y lo trabaje, no solo su vida cambiará y dejará de cargar tantas cosas que no se ha dado cuenta que carga, sino que también no heredarán estos mismos patrones de abuso a sus hijos.

Es difícil pedir ayuda y contar por lo que se pasó en la niñez, sobre todo cuando es un abuso cometido por un familiar. Hay mucha culpa, vergüenza y miedo y por lo general se mantiene en secreto lo sucedido pero trabajarlo es un paso que brindará salud física, mental y emocional a la persona victima del abuso y a la sociedad.

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